Alrededor del 20 de mayo, me jugué un pronóstico, no oficial porque lo expresé en la semi-intimidad de los amigos del Facebook, sobre los resultados electorales. Predije de Keiko le sacaría 10 puntos a Humala. Me equivoqué fuerte, naturalmente. Y me veo en la necesidad de explicar que me llevó a ese estimado y qué hizo, a mi entender, que no se concretara.

Hacia la tercera semana de mayo, Keiko estaba en levantada clara. Ya le habia sacado entre 2 y 5 puntos a Ollanta, según las principales encuestadoras. Y éste andaba enredado porque no subía. Pero el fuimorismo cometió errores garrafales que aquí resumo:

1. Los voceros fueron malísimos, con las únicas excepciones de Atuve y Souza. A las expresiones inadecuadas para una camaña como las de Martha Chavez o de Jorge Trelles.

2. El equipo que presentó en el debate técnico fue muy vulnerable y fue barrido por tres experimentados y cuajados economistas, con mucho manejo de escena. Como si fuera poco, Palomino no mira al frente cuando habla y Milagros Maravi no podia ser presentable si se habia reunido con Montesimos, aunque solo hubiera sido para tomar el té. Solamente Chlimper era de peso, sin embargo, los tres fueron muy blandos y no respondieron con energía.

3. El estilo general de la campaña, al final, fue de una excesiva suavidad. Soy de los que piensa que el peruano busca líderes fuertes y hasta agresivos. La pedida de “perdones” (fueron varios) dio imagen de debilidad a la vez que expresaba la aceptación de una desaprobación de lo hecho en los noventa.

4. El tema de les esterilizaciones, que debió morir en el debate, lo siguieron machacando por cortesía de Rafael Rey, por su huevón afán de ultra protagonismo y cucufatería extrema, lo que unido a la propaganda final de Humala, le mermó importante voto de género que era el fuerte de Keiko.

5. El debate presidencial lo gana Keiko, pero no con contundencia y holgura, que era lo previsible, pues le faltó sacarle más cosas a Humala, en especial, su participación en la matanza de Andahuaylas (asi debió llamarla y no “asonada”) y su vinculación al proyecto geopolítico expansionista de Chávez (también así debió llamarlo).

6. La resistencia a nombrar a un primer ministro (yo le recomendé por los medios a Castañeda Lossio) a fin de ponerle cara y DNI al nuevo rostro del fujimorismo y así calmar a los indecisos.

7. Una última, pero muy importante: no convocó a verdaderos rostros nuevos que tuvieran, a la vez, convencimiento con el modelo de desarrollo a defender y personalidad para hacer la batalla dialéctica en los medios de comunicación al estándar de agresividad política que podrían fijar un Carlos Tapia o un Chejade. Al final, terminó dando una impresión de poca renovación real.

Estas son mis razones, pues sigo pensando que en un momento, la campaña estuvo ganada. Pero en fin, el partido termina en el minuto noventa más monedas. No obstante ello, Keiko sacó algo bueno de la campaña: pasó de ser una modesta congresista a una figura de presencia nacional que hoy es reconocida en cualquier pueblo del interior. Lo que le puede dar una plataforma interesante de cara a su futuro político y a su futura capacidad de convocatoria.

Fuente: El Regional de Piura (Peru)

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