Se acabó la fiesta en Rumanía para los padres inventivos y originales que bautizaban a sus hijos con nombres como “Paracetamol”, “Semáforo”, “Doctor” o “Mariano Monamour”.

Con la entrada en vigor este mes de octubre del nuevo Código Civil de este país balcánico, no más niños habrán de llevar de por vida la cruz de un nombre cómico por capricho de sus padres.

El artículo 84, punto 2, prohíbe a los funcionarios civiles del Estado “nombres indecentes, ridículos y otros que afecten al orden público, las buenas costumbres o los intereses del niño”.

Más allá de la obvia subjetividad del gusto de cada cual, parece claro que la nueva norma se refiere a nombres como Hitler, Basura o Pezón, algunos de los más raros que figuran en el Anuario Estadístico de la Dirección General de Evidencia y citados en la prensa local.

Pero la ambigüedad de la expresión “nombres indecentes, ridículos y otros que afecten al orden público, las buenas costumbres o los intereses del niño” es ya motivo de polémica.

Jueces como Cristi Danilet, miembro del Consejo Superior de la Magistratura, decidirán en caso de duda.

Danilet ha explicado al diario “Adevarul” que no está claro “qué significa ‘indecente’ y ‘ridículo’”.

De esta opinión también son funcionarios del registro como Adrian Toma, que se quejó al mismo periódico de la “vaguedad” de la normativa.

Según el Anuario, en 2010 existían en el país balcánico 611 “Toronegro” (Bounegru), 581 “Muerto” (Mortu), tres “Cojón” (Coi), un “Tonto” (Prostu), algún “Culo” (Curu) y algún “Agrio” (Acru).

Más solemnes y graves son los nombres dedicados a las instituciones del Estado y los profesionales que hacen mejor la vida de los ciudadanos.

Destacan “Justicia” (Justitia), “Policía” (Politia) o “Gendarmería” (Jandarmeria), que como “Bombero” (Pompierul) o “Ambulancia” (Ambulanta) pueden marcar la vocación profesional del niño, además de homenajear a los pilares de la sociedad.

Y si de encarrilar al niño a hacer carrera se trata, qué mejor que ponerle “Presidente” (22 casos) o “Ministro”.

El fútbol es otra fuente de inspiración para los padres creativos ahora censurados.

El exfutbolista Vasile San Siro Ciocoi (por el estadio del Inter y el Milán) ha mostrado a la prensa su orgullo por tener este nombre en más de una ocasión e, incluso, ha bautizado “San Siro” a su hijo “para que lo lleve más lejos”.

En materia deportiva destacan también “Beckham”, “Figo”, “Zidane”, o “Joaca-Bine” (Juega-bien), mientras que otros, como el padre de “Superman” Sava, eligen el mundo de los superhéroes para poner nombre a sus vástagos.

Hay sin duda donde elegir, pero quizá el más espectacular sea Ion “Mariano Monamour”, toda una declaración de intenciones sobre el destino de conquistador del recién llegado al mundo.

Los nombres ahora prohibidos por el nuevo Código Civil son especialmente populares en algunas comunidades gitanas de Rumanía.

“Querían ponerle Ion, pero al verle vestido de blanco nada más nacer pensaron que le sentaba muy bien el color y decidieron ponerle Doctor”, cuenta a Efe un familiar de la “víctima”.

La prohibición puede pecar de ambigua y habrá indignado a padres audaces con diabólicas ideas para poner nombre a sus hijos, pero son muchos los que la han aplaudido por el bien de los niños y de la estética pública.

Es el caso del diputado y músico Madalin Voicu, una de las figuras públicas gitanas con más proyección social y prestigio entre su comunidad y fuera de ella.

“Cuando los padres ponen estos nombres marcan al niño para toda su vida”, ha dicho Voicu a la prensa.

“Si le pongo (a un hijo) ‘Ministro’, ‘Vitrina’ o ‘Paracetamol’ la gente no sólo se sorprende, también mira con lástima al niño que será llamado así”, añadió Voicu. EFE