(CNN) — Ian Swanson tenía cinco años cuando su familia se trasladó de Estados Unidos a Umeå, un pequeño pueblo universitario en el norte de Suecia. Ahí conoció a sus primeros amigos, aprendió a leer y como cualquier otro niño, estaba “absolutamente interesado en todo”.

 

De vez en cuando, recibía manotazos de su mamá, o una nalgada y una severa mirada de su padre cuando se portaba mal. Pero un día su maestra de jardín de niños, la directora de la escuela y una trabajadora social llegaron a su casa. Les preocupaba que Ian no estaba adaptándose, querían hablar sobre el “abuso”.

 

Swanson tradujo para sus padres, quienes seguían aprendiendo el idioma, esta frase: “Tienen que entender, las cosas son diferentes aquí”.

 

En 1979, unos años antes de que la familia Swanson llegara, Suecia se convirtió en el primer país en prohibir el castigo físico para los niños.

 

Desde entonces, 30 países han aprobado prohibiciones sobre el castigo corporal en el hogar, y más naciones lo han prohibido en las escuelas, de acuerdo con la Iniciativa Global para Acabar con Todo Castigo Corporal Hacia Niños y Niñas.

 

Ningún país de América del Norte prohíbe el castigo físico por parte de los padres, pero hay un eterno debate acerca de la diferencia entre la disciplina y el abuso. El tema fue retomado la semana pasada después de que millones vieron un video de siete minutos en YouTube, grabado en 2004, que muestra a un juez de Texas maldiciendo a su hija adolescente y golpeándola con un cinturón.

 

Diversos estudios demuestran que los castigos físicos no enseñan o moldean el comportamiento, pero sí dañan la confianza entre padres e hijos y pueden conducir a una mayor agresividad.

 

Aunque los padres están intentando con otras medidas disciplinarias, el castigo corporal no va a desaparecer, y algunos investigadores sostienen que no debería hacerlo. Es eficaz para lograr la obediencia inmediata de los niños pequeños, y es poco probable que tenga efectos negativos a largo plazo, aseguran. Detener una técnica de disciplina que se ha transmitido de generación en generación es otra razón poderosa que hace difícil su erradicación.

 

“No ha existido un cambio radical en la actitud. La mayoría de las personas todavía piensa que está bien”, dijo Elizabeth Gershoff, profesora asociada de Desarrollo Humano y Ciencias Familiares de la Universidad de Texas.

 

Sin embargo, en Suecia existe una generación de adultos que asume justo lo contrario. Cerca de la mitad de los niños suecos eran golpeados en la década de 1970, antes de la prohibición, informó Save the Children Suecia. En la década de 2000, el número se redujo a “sólo un pequeño porcentaje”. (Sin dar cifras exactas.)

 

La prohibición de 1979 fue resultado de un trabajo de décadas; desde la primera descripción de los Derechos Humanos de los Niños en la década de 1920, pasando por la prohibición de golpear en las escuelas en 1958, hasta la eliminación del lenguaje legal que permitía a los padres pegarle a los niños, en 1966. Las actitudes de la población continuaron cambiando en la década de 1970 después de algunos casos de alto perfil de disciplina que había ido demasiado lejos, y en 1977, el Parlamento sueco creó un comité para examinar los derechos de los niños.

 

El gobierno publicó folletos traducidos a varios idiomas e imprimió información sobre la prohibición en los cartones de leche para enterar a la población.

 

El resultado fue el Capítulo 6, Sección 1, del Código de Niños y Padres de Suecia: “Los niños tienen derecho a cuidados, seguridad y una buena crianza. Los niños deben ser tratados con respeto por su persona e individualidad y no deben ser objeto de castigos corporales o de cualquier otro trato humillante”. Esto fue aprobado casi por unanimidad.

 

La sección no conlleva sanciones. Los casos de agresión todavía se rigen por el código penal; si un adulto golpea a un niño, es sujeto a una visita e interrogatorio de los servicios sociales de Suecia.

 

“La policía no va a decir: ‘Este padre debe ser acusado’”, explica Joan Durrant, una profesora de Ciencias Sociales de la Familia de la Universidad de Manitoba, quien ha estudiado los efectos de la prohibición en Suecia durante décadas. “La policía dirá: ‘Lo que hiciste no está bien, entiendo por qué sucedió, pero necesitas saber que va contra la ley, y aquí están los apoyos disponibles para ti’”.

 

Los apoyos pueden ser el acceso a grupos de padres, información sobre el desarrollo infantil, cuidados de salud infantil o enfermeras que ayudan a hacer los hogares a prueba de niños u ofrecen asesoramiento.

 

“Recuerdo que estaba muy asustado de que fueran a separarme de ellos. Parecía una posibilidad muy real. Sentí un poco de culpa por ello. Yo era el que tenía un mal comportamiento: si no fuera por mí, ellos no estarían en esa posición”, narra Ian Swanson, quien ahora tiene 31 años y vive en Minneapolis.

 

Pero también recuerda entender y coincidir con la visión de los suecos: si los padres están golpeando, significa que han perdido el control, y puede ser que necesiten aprender otras opciones.

 

“¿Quién puede venir y decirme cómo debo criar a mi hijo?”, dijo Swanson. “En Suecia, nadie se preguntaría eso. Es responsabilidad de todos”.

 

Es difícil imaginar una prohibición al castigo físico universal en este momento.

 

“Tendríamos una discusión llena de divisiones y tomaría muchos significados políticos”, dijo Joan Durrant, una defensora de la prohibición de los castigos corporales y profesora de la Universidad de Manitoba. “La mayoría de nosotros recibimos golpes cuando éramos niños. Es difícil imaginar lo que es criar a un niño sin ellos. La ley debe ir de la mano con el apoyo a los padres y la educación”.

 

Algunos investigadores dudan que una prohibición sea eficaz.

 

Opiniones divididas

 

Los padres deben tomar clases para aprender los diferentes métodos para disciplinar a sus hijos, recomienda Robert Larzelere, profesor del Departamento de Desarrollo Humano y Ciencias para la Familia de la Universidad Estatal de Oklahoma.

 

Razonar con los niños es genial, dice, y los tiempos fuera pueden ser una herramienta útil. Pero él no quiere que todos los padres o regulaciones descarten unas tranquilas nalgadas no abusivas en niños de 2 a 6 años de edad.

 

Las nalgadas en niños pequeños como refuerzo de un tiempo fuera o un razonamiento pueden reducir la agresión y la falta de obediencia, dijo. Pero el castigo físico no debe estar enraizado en la ira de un padre o en la frustración, y debe ser eliminado a medida que los niños crecen.

 

“Si vamos a ir por este camino e imponer reglas o recomendaciones a los padres para que no peguen, tenemos que ayudarles a encontrar alternativas que funcionen”, dice Larzelere.

 

Él no está convencido de que las prohibiciones reducirían la violencia o abuso infantil, e indicó que en Suecia las estadísticas de presuntas agresiones contra los niños se han incrementado, así como lasagresiones de menores contra menores. Otros investigadores, incluyendo Gershoff en Texas y Durrant en Manitoba, dijeron que el aumento en las denuncias se debe a una mejor información y una menor tolerancia a la violencia.

 

Para Ian Swanson fue tan impactante la prohibición de Suecia, como lo que encontró cuando su familia regresó a Estados Unidos.

 

“Los niños decían cosas como: ‘Mi papá va a azotarme el trasero cuando llegue a casa’, y yo no creía que fuera una posibilidad”, dijo Swanson. “La primera vez que realmente vi a uno de mis compañeros estadounidenses recibiendo golpes, creo que mi mandíbula cayó al suelo”.

 

Ahora, como padre, Swanson dice que no le pegará a sus hijos.

 

“No me importa si golpeas a tus hijos con una cuchara o con un cinturón”, dijo. “¿Estás golpeando a tus hijos, o no? ¿Lo estás haciendo? Ésa es la respuesta: no hay ningún misterio en este asunto”.