Atrás quedó el tiempo en que los navegadores para internet, como Netscape, Mosaic y el mismo Internet Explorer funcionaban sólo para que los usuarios puedan interpretar la información codificada en código HTML. Ese era su objetivo primitivo: permitir la visualización de documentos de texto.

Hoy en día, la experiencia de navegar en internet ha mutado por completo, para empezar, en aquellos tiempos, inicios de los años 90, no existía la cantidad de contenido web que hoy tenemos.

Las técnicas de mercadeo también se han modificado de una manera sustancial con la masificación de la red, la prestación de servicios, y por supuesto el manejo de la información.

El hecho es que un navegador debe cumplir con una principal función: representar de manera correcta la página web que se está visitando, ofreciendo las suficientes herramientas para facilitar, al usuario, la experiencia de navegar.

Internet Explorer (IE), el navegador desarrollado por Microsoft, ha marcado toda una era desde mediados de la década de los años 90, llegando a su ápice en los años 2002 y 2003, con una presencia de hasta 95 por ciento en el mercado. IE ha mostrado su hegemonía de la mano del Sistema Operativo para computadoras, también creado por Microsoft, Windows. Sin duda un combo muy exitoso de aquellos años, pero que cada instante se ve más amenazado por la competencia.

El año 2003 vio el nacimiento tanto del navegador de Mozilla, el Phoenix/Firebird, ahora conocido como Firefox, como de Safari, desarrollado por Apple. Ambos resultan funcionales y prácticos, aunque Safari no ha logrado colarse dentro los tres primeros lugares de aceptación entre los usuarios, a diferencia de Firefox, que se ha convertido en el más cercano acechador por la corona que aún tiene IE.

Google Chrome, el navegador que tal vez cuenta con mayor popularidad en estos días,  apareció en escena en el año 2008, y es increíble como de inmediato encontró la aceptación tanto de especialistas como de los usuarios en general, y no era para menos, la innovación de permitir una navegación a través de pestañas dinámicas (poder desprenderlas) llegó para revolucionar la experiencia, algo que incluso ya es muy común en cualquier otro navegador, pero que antes de Chrome no existía.

 

Otro viejo lobo de mar, ya que nació casi junto con Netscape, y que también se ha mantenido en constante evolución, ha sido Opera. Este navegador, sin convertirse en un gran protagonista, ha logrado situarse con paso firme dentro de la batalla, y de verdad que Opera Software, la firma Noruega que ha estado a cargo de él desde un inicio, ha realizado un gran trabajo, adaptándose muy bien a las nuevas tendencias, ya que hoy en día también podemos encontrar su propia versión para dispositivos móviles.