Científicos holandeses han creado un diminuto nanoautomóvil con capacidad de propulsarse hacia adelante con impulsos eléctricos.

El vehículo de tracción eléctrica, que es del tamaño de una molécula, tiene un chasis y cuatro ruedas con forma de remo y mide aproximadamente una milmillonésima parte de un auto tradicional.

Su viaje inaugural no fue precisamente épico —seis nanómetros— y su eficiencia de combustible tampoco fue brillante, ya que necesitó una sacudida de 500 milivoltios por cada media revolución de sus ruedas.

Pero es un hito importante en la investigación de la nanotecnología (la ciencia de manipular la materia a escala molecular), dicen los científicos, ya que demuestra que las moléculas individuales pueden absorber la energía eléctrica externa y convertirla en movimiento dirigido.

“Para construir la nanotecnología del futuro como los nanorrobots, máquinas y transportistas, necesitas algo para impulsarla. Así que existe un gran incentivo para construir motores a nanoescala”, dijo Ben Feringa, profesor de Química Orgánica de la Universidad de Groningen, y uno de los autores de la investigación.

“Hay muchos nanosistemas construidos a partir de todo tipo de materiales, pero esto es, hasta donde sabemos, la primera vez que un nanomotor se utiliza para propulsar algo al abastecerlo de combustible”.

El combustible en este caso provino de un microscopio de efecto túnel (STP, por sus siglas en inglés), con su aguja del tamaño de un átomo que actúa como un electrodo y permite que la electricidad fluya desde la punta hacia la superficie debajo del auto, dice Feringa.

“Cuando hay una molécula, la corriente pasa a través de ella y la electricidad excita el motor, lo cual mueve el auto hacia adelante”, dijo Feringa.

El descubrimiento, dicen los científicos, los acerca un paso más a comprender y, finalmente, imitar a los robots moleculares altamente eficientes de la naturaleza.

“En las células vivas, hay una gran variedad de motores de moléculas que están involucrados en casi todos los procesos biológicos importantes, como la división y transporte celular, y la movilidad en los músculos”, señaló Feringa.

El motor sintético más pequeño del mundo fue creado por Alex Zettl, profesor de Física de la Universidad de California en Berkeley en 2003, mientras que el primer nanoautomóvil (sin motor) fue construido por James Tour en 2005.

“Hay que felicitar al equipo de Feringa por su excelente trabajo”, dijo Tour, profesor de Química de la Universidad de Rice, Texas.

“Ciertamente impulsará el campo a un mayor nivel de sofisticación con el objetivo final de que las máquinas moleculares sintéticas sean utilizadas para el transporte controlado y en un montaje preparado ex vivo (en un ambiente artificial fuera de un organismo)”, añadió.

Pero aún es pronto y Feringa dice sentirse como los hermanos Wright, comparando el nanoautomóvil a su “avión bastante torpe de aspecto primitivo” en comparación con los jets de pasajeros actuales.

“Es muy difícil saber hacia dónde irá el futuro y, finalmente, los sistemas serán diferentes. Pero primero debes encontrar los principios fundamentales. Eso hace que las cosas sean posibles”, dijo.

La investigación, que se realizó en conjunto con científicos de los Laboratorios Federales Suizos para Materiales de Ciencia y Tecnología (Empa), fue publicada en la revista Nature.