Golpear el balón de futbol con la cabeza con demasiada frecuencia puede causar daño al cerebro, según una nueva investigación.

Una cantidad pequeña de cabezadas no parece ser un problema, pero cuando el número llega a alrededor de 1,300 por año, el cerebro puede empezar a sufrir un daño cerebral traumático.

Esa cantidad puede parecer excesiva, pero no lo es para los jugadores que regularmente perfeccionan sus habilidades en el campo por medio de la práctica.

“La práctica resulta ser una fuente mucho mayor de exposición que los juegos reales”, dice el médico Michael Lipton, autor principal del estudio y director de Investigación de Radiología en el Colegio de Medicina Albert Einstein. “Algunas personas reportaban cabecear 5,000 veces al año”.

El equipo de investigadores de Lipton reclutó a 39 jugadores de futbol de ligas amateur, hombres a finales de sus 20 y principios de sus 30 que juegan regularmente —no profesionalmente—, muchos de los cuales han estado practicando el futbol durante la mayor parte de sus vidas.

Los jugadores completaron un cuestionario para estimar el número decabecitas que realizan cada año. Cuando los investigadores compararon las imágenes cerebrales de los jugadores que reportaron un menor número de cabezadas con los de los jugadores que reportaron cifras más altas, vieron diferencias entre los cerebros de ambos grupos.

“Las cabezadas excesivas definitivamente parecen estar asociados con una alteración de la memoria y de la velocidad de procesamiento”, dijo Lipton. “El futbol no es tan benigno como la gente pensaba que era”.

El estudio utilizó imagenología de tensor de difusión (DTI), un tipo de resonancia magnética (RM), que mide el movimiento de las moléculas de agua en la materia blanca del cerebro. En los cerebros sanos, las moléculas de agua se mueven en una dirección uniforme a través de la materia blanca, pero en un cerebro lesionado, se mueven de manera menos uniforme y más al azar.

Las cabezadas ya son la parte más peligrosa del futbol en términos de lesiones en esta parte del cuerpo, dice el médico Robert Cantú, miembro del American College of Sports Medicine. Al cabecear la pelota, los jugadores a menudo golpean a otros jugadores, provocando una contusión cerebral.

Sin embargo, el estudio de Lipton sí preguntó a los jugadores acerca de sus antecedentes de contusión, tanto dentro como fuera del campo, y los resultados del pequeño estudio mostraron imágenes cerebrales alteradas debido a las cabezadas rutinarias, no a una tasa incrementada de contusiones cerebrales diagnosticadas.

“Si existe una lesión crónica debido a este tipo de actividad, no es algo que vaya a saltar en el radar”, dijo Lipton, “es muy posible que sea algo que la gente no pueda realmente reconocer, a pesar de que nosotros podríamos identificarlo al examinar en busca de ello”.

Las regiones del cerebro responsables de las funciones ejecutivas como la atención, la memoria y planificación, así como el razonamiento visual y espacial, mostraron signos de deterioro debido a las cabezadas.

No está claro si los niños y los adultos jóvenes son más vulnerables a los efectos de las cabezadas, y esos grupos deben ser investigados directamente, dice Lipton.

Los hallazgos fueron presentados este martes en una reunión anual de la Sociedad Radiológica de Norteamérica (RSNA).