Según describía Aristóteles, el miedo, la identificación con el sufrimiento de los personajes y el resto de emociones que inspiraba la tragedia griega lograban una ‘catarsis’ sobre los espectadores, que quedaban así liberados de sus propios temores. Su alma, decía el filósofo, se purificaba.
Ahora, las técnicas de escáner cerebral y análisis de hormonas han permitido a los científicos profundizar en los fundamentos biomédicos de esta purgante experiencia.
Las vivencias estresantes reconfiguran el modo en que funciona nuestro cerebro: los sentidos se agudizan, se reviven malos recuerdos y se bloquean los mecanismos que usamos para deliberar pausadamente. Todo ello nos impulsa a actuar con rapidez y ofrecer una respuesta -atacar, huir…- a la amenaza que tenemos enfrente.
Películas como Poltergeist generan estrés en el espectador.
Con el fin de analizar los mecanismos neuroquímicos asociados a este estado, un equipo de investigadores ha expuesto a 80 voluntarios al visionado de escenas de terror, mientras les estudiaban con resonancias magnéticas.
El estudio -dirigido por Erno Hermans, de la Universidad de Nueva York (EEUU), y publicado en la revista ‘Science’- ha confirmado que el cerebro reorganiza sus redes neuronales para dar respuesta al estrés y ha permitido trazar cómo se genera este cambio.
Varias áreas corticales y subcorticales del cerebro se activan y aumentan su conectividad durante el visionado, según han mostrado las imágenes por resonancia.
Esta reestructuración está motivada, de acuerdo con la investigación, porla acción del neurotransmisor noradrenalina, según ha podido medirse en los participantes. Por el contrario, el cortisol, otra hormona relacionada con la respuesta al estrés, no está involucrada en este proceso, tal y como han constatado los científicos.
Para poder medir la respuesta de los voluntarios, los investigadores sometieron tanto a películas de terror como a escenas corrientes a los voluntarios, y midieron en su saliva la presencia de compuestos asociados a la exposición a situaciones de estrés.
“Hemos mostrado que la actividad neuromoduladora noradrenérgica en la primera fase de la respuesta al estrés promueve una reorganización de recursos neuronales. Estos establecen una red que abarca regiones involucradas en la reorientación de la atención, el aumento de la vigilancia perceptual y el control automático neuroendocrino”, concluyen en su informe Hermans y sus colegas.
En otras palabras, las escenas y películas de terror pueden poner a nuestro cerebro en un estado de alerta y desencadenar los procesos neuronales con que nuestra especie ha aprendido a hacer frente a situaciones difíciles.