La sincronización entre nuestro calendario, de 365 días, y el movimiento de traslación de la Tierra, que dura 365 días y casi seis horas, genera un año bisiesto.

Cada cuatro años se agrega un día a febrero, para compensar las 24 horas que no se contaron en años anteriores.

Esta tradición fue una mezcla de los calendarios impuestos por el emperador romano Julio César y el papa Gregorio XIII.

De acuerdo con el sitio timeanddate.com, el calendario juliano (establecido en el año 46 a.C.) fue establecido luego de que el líder romano consultó con un astrónomo, quien le advirtió sobre el retraso.

Julio César añadió un día más a cada año que fuera divisible por cuatro, pero a la larga esto generó un desfase.

Ante este error, en 1582 d.C. el papa Gregorio creó su propio calendario (que usamos actualmente) y designó que se agregaría un día más a febrero.

El año bisiesto solo ocurre en fechas divisibles entre cuatro y en los siglos divisibles por 400. Por ejemplo, los años 800 y 1600 sí fueron bisiestos, pero 1700 y 1900 no.

Sin embargo, pese a los esfuerzos para sincronizar nuestro calendario con el ciclo del Sol, actualmente el año solar es 26 segundos más corto que la duración de un año en el calendario gregoriano.

Un par de profesores de la Universidad John Hopkins propuso la creación de un nuevo calendario, donde cada año tendría 364 días y sustituiría los años bisiestos por una semana extra cada cinco o seis años, lo que permitiría que las festividades se celebren siempre el mismo día.