Más de 100 toneladas de aluminio, acero y titanio: un avión comercial fuera de circulación es un gran montón de chatarra que, además, contiene productos tóxicos, como el queroseno. Por eso, los expertos investigan qué hacer con las 4.000 aeronaves que se jubilarán en los próximos 20 años. La familia Airbus desarrolló hasta 2008 el proyecto PAMELA, mediante el cual se logró reciclar el 75% de un avión en el aeropuerto francés de Tarbes. También en territorio galo, en Châteauroux, Bartin Aero Recycling persigue el mismo objetivo.

Lo más complicado es encontrar un método rentable, porque el coste del reciclaje –unos 50.000 euros- supera el beneficio de vender la chatarra.

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