La primera vez que Manuel Morales decidió acudir a una tienda de tatuajes en un centro comercial fue para engancharse una barra de acero quirúrgico con extremos de esferas plásticas en el medio de su lengua. La técnica fue rápida, utilizaron una pinza marcadora con un agujero para señalar el sitio de la perforación e introdujeron una aguja gruesa sin anestesia para abrirlo.
Siguió algunos consejos sobre la limpieza. Pero al poco tiempo de haberse colocado el dispositivo comenzó a sangrar e irritarse, perder la sensibilidad y presentar dificultad para pronunciar palabras largas. Pensó que se trataba de consecuencias normales, sin embargo al dirigirse a una consulta odontológica por un tratamiento restaurador, un examen clínico reveló una lesión tumoral en la cara dorsal de su lengua.
La patología del joven de 15 años fue causada por estímulos traumáticos en la cavidad bucal. De acuerdo a un estudio realizado por la universidad Rey Juan Carlos de España, hasta el 72 por ciento de los pacientes con piercings han sufrido alguna complicación posterior a su colocación.

Los adornos linguales son los más comunes mundialmente (81 %) pero provocan daños en los dientes, encías, y en el mismo órgano. Javier López, especialista en ortodoncia y ortopedia maxilar, especificó que “el piercing se coloca en una zona muy vascularizada e inervada, lo que genera alteraciones neuromusculares en el órgano”.

El mal para los dientes y encías 

Los primeros síntomas de Manuel fueron los más comunes. Según publicó el estudio español, la inflamación (35 %), dolor (18 %), dificultades para hablar (15 %), alteración del gusto (5 %) y sangrado (4 %) se presenta en casi todos sin excepción. Pero al no ser tratados a tiempo, los daños se extienden.

El contacto de la estructura metálica contra la cara de los dientes puede destruir el esmalte que los protege. Según explicó López, algunos pacientes interponen el piercing entre la mordida provocando un golpeteo que además desvía la posición de la dentadura. Factor que sólo se corrige con cirugía.

Las encías padecen también ante el contacto con el metal. Entre 52 adultos sometidos a evaluación, 35 por ciento presentaron contracción luego de poseer por cuatro años el piercing; y 50 por ciento quienes usaron por dos años o más la barra larga de 2,2 cm, según publicaron especialistas de la Universidad Cecilio Acosta de Venezuela.

“Ante los golpes del metal, la encía para protegerse por reacción natural se retrae. Baja y con ella descienden los tejidos del soporte del diente. Si estos disminuyen a la larga se pueden caer los dientes”.

Es común, además, observar que los jóvenes con adornos producen más secreción salival, otra de las consecuencias negativas. López detalló que al percibir un cuerpo extraño, las glándulas salivales trabajan más de la cuenta y al tiempo obstruyen su funcionamiento.

El tejido es el primero que sufre

Los daños en el órgano son los más graves. A Manuel se le descubrió a tiempo su problema para tratarlo. Pero Ricardo Gómez, de 16 años, reaccionó tarde. Luego de que su amigo de 17 años le colocara un piercing en la lengua mediante procedimientos caseros, a los 10 meses presentó herpes justo alrededor de la barra.

No lo trató como debía y se le formó una úlcera. Aún batalla para quitársela, cuando cree que ha ganado reaparece el mal. “La primera irritación se extiende. Sufre una transformación en manchas y protuberancias alrededor de donde se colocó el piercing que genera secreciones de sangre o pus”, indicó el especialista sobre estos casos.

Las úlceras no son comunes, lo padecen hasta el seis por ciento de los pacientes con adornos. Pero López advirtió que en una etapa muy avanzada y en condiciones generativas pueden resultar causantes de tejidos cancerígenos. Padecimiento que dependerá de las condiciones en las que se instaló el piercing.

Ricardo está preocupado. Al dejar a su amigo colocar el dispositivo no pensó en la posibilidad de adquirir cáncer, nadie se lo advirtió. Los tejidos de la lengua cuando son afectados son los más difíciles de curar, destacó el odontólogo, de ahí radica la importancia de las condiciones higiénicas en las que se colocan.

Antes de adornar tu lengua toma en cuenta: 

– Local: Debe tener una buena regulación, ventilación adecuada, limpieza y equipo de emergencia.

– Personal: Debe estar preparado, asesorar sobre los riegos y cuidados posteriores, estar vacunado contra la hepatitis B y el tétano, no perforar a menores de edad sin que sus padres estén presentes, lavarse las manos antes de hacer la práctica y usar guantes.

– Utensilios: Tienen que ser desechables y esterilizados para no transmitir infecciones.

– Material: El piercing no debe ser de níquel porque es el metal que más problemas alérgicos atrae. Se recomienda el oro, titanio o acero, metales que no se degradan y el cuerpo tolera mejor.

Anatomía de la lengua

El odontólogo Javier López explicó que la lengua tiene 17 músculos entrelazados, uno solo es impar y medio, los demás son pares y laterales. El piercing en el órgano genera estímulos diferentes a los que están acostumbrados.

Por su contextura muscular, el órgano no soporta los materiales metálicos por un tiempo prolongado.  Si quien coloca el adorno no conoce el ángulo en el cual debe introducirse la aguja,  los riesgos de padecer las enfermedades mencionadas se incrementan.