Si te sorprendía ver como las telarañas sobrevivían a las lluvias o al trapazo que intenta quitarlas, un científico japonés llevó al extremo la resistencia de la seda que producen las arañas al fabricar cuerdas para un violín.

Shigeyoshi Osaki de la Universidad de Medicina Nara ha estudiado por más de 35 años las propiedades mecánicas de la seda de las arañas y ahora lo incorporó al instrumento musical, el cual logró producir un timbre suave y profundo.

Osaki usó a 300 hembras de la especie Nephila maculata que producen una de las mejores sedas tipo dragline, la más interesante para los científicos por su extraordinaria fuerza y flexibilidad que le da su estructura molecular única.

“Era muy difícil sacar esta seda del abdomen de las arañas, porque suelen cortarla cuando la segregan. Por lo tanto, tuve que ‘comunicarme’ con ellas. En otras palabras, fue necesario entender el hábitat de cada una de las arañas para poder obtener hilos largos”, dijo Osaki al diario español El Mundo.

Para cada cuerda se unieron entre 3 mil y 5 mil hebras de seda que superaron al nylon y aluminio en resistencia antes de romperse, pero no a las cuerdas tradicionales de tripa.

Al observarlas en el microscopio, Osaki encontró que las cuerdas se comprimía en distintas formas que eliminaba cualquier espacio entre ellas, por lo que sugirió que esa característica es la que les da su fuerza y tono único.

Los detalles del invento de Osaki que abre nuevas vetas para el desarrollo de nuevos materiales se desciben en el último número de la revista Physical Review Letters

Ultrafuerte

“En 2006 se comprobó que un pequeño ramillete (de 13 centímetros de longitud) compuesto por unos 190 mil filamentos de seda dragline recogidos de los abdómenes de 300 arañas era capaz de resistir el peso de un hombre adulto. Sin embargo, la densidad de los manojos de seda era muy baja, a pesar de que se usó una gran cantidad de filamentos”, señaló Osaka a El Mundo.

A partir de eso, el investigador ideó formar cuerdas para aumentar su resistencia y elasticidad. Osaka está centrado ahora en el desarrollo de un método que permita obtener cuerdas de seda a gran escala. Por lo que respecta al coste, asegura que es difícil calcularlo. De momento, su violín sigue siendo una pieza única.