Como si pareciera sacado de una de esas mentes famosas por sus extravagantes invenciones, uno de esos artistas que ven lo fantástico donde supuestamente solo está la pobre realidad, este insecto originario de Brasil, una especie de saltamontes arbóreo, representa uno de los diseños más singulares de todo el catálogo natural.

 

Su nombre científico es Bocydium globulare y se le conoce sobre todo por el impacto que generó en el escultor alemán Alfred Keller, quien trabajó durante un año en la realización de este modelo:

Adiestrado en las artes de la metalurgia, Keller trabajó desde 1930 hasta su muerte, en 1955, para el Museo de Historia Natural de Berlín, donde se especializó en la representación plástica de diversos insectos: mosquitos, escarabajos, hormigas y muchos otros que elaboró con notable maestría y fidelidad al original. Pero sin duda su Bocydium globulare es uno de sus mejores trabajos —y podríamos preguntarnos si cuando los visitantes del museo se enfrentaban con tan insólito ejemplar no se preguntarían si ese insecto no sería invención del propio Keller, nacido de un arrebato creativo luego de pasar tantos años atisbando el microcosmos de los insectos, inspirado acaso por las excéntricas visiones del Bosco, como si se tratase de un animal salido, digamos, del Jardín de las Delicias.

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