Hace nueve meses que nadie lo ha visto. Johnathan Ramsey pesaba aquí 40 kilos, pero ha fallecido con 25. Ha muerto lentamente de hambre. Su padre, Aaron, de 34 años, y su madrasta Elisabeth, de 31, le han mantenido durante meses encerrado en su habitación. Alimentado sólo con pequeñas cantidades de pan y agua y, en ocasiones, algo de leche.
Castigaron al menor porque empezó a tener un supuesto comportamiento violento.
Según ellos, llegó a empujar a su madrastra, provocándole un aborto. Por eso decidieron someter al pequeño a un verdadero martirio hasta matarle de inanición. El padre y la madrastra están detenidos como presuntos responsables de la muerte del niño.
Aunque han dado versiones contradictorias a la policía, el progenitor ha reconocido que el pasado mes de agosto encontró inconsciente al niño en el suelo de su dormitorio. Después de lavar su cuerpo, lo metió en un saco y lo tiró a una zona arbolada cercana a su casa. El abuelo de Johanthan fue el que dio la voz de alarma.
Avisó a la policía el pasado viernes, cansado de excusas para impedirle ver a su nieto.
Según ha declarado la madrastra de Jonatan a la policía, poco antes de morir el niño estaba muy delgado y era incapaz de caminmar debido a la pérdida de fuerza. La madre biológica de Jonatan, que vive en Nuevo México, ha asegurado que llevaba meses sin hablar con el niño, ya que el padre siempre le daba excusas para que no se pusiera al teléfono.